En un escenario político marcado por la rosca y el abandono, Alternativa Vecinal irrumpe en La Costa con vecinos reales y una propuesta sin padrinos ni verso. Apuntan a devolverle el Concejo Deliberante a la gente común en las elecciones 2025.
En un escenario político saturado por el marketing y los acuerdos a puertas cerradas, Alternativa Vecinal La Costa emerge como una bocanada de aire fresco. Formada por profesionales, comerciantes y trabajadores de carne y hueso, esta lista busca devolverle al Concejo Deliberante su rol: representar a la gente común, sin padrinazgos ni compromisos partidarios.
Alternativa Vecinal no responde a sellos importados ni armados desde escritorios alejados del territorio. No hay operadores, ni sellos prestados. Solo hay vecinas y vecinos que conocen los problemas porque los sufren: calles rotas, hospitales saturados, falta de trabajo y abandono en los barrios.
Silvia, médica con años en la salud pública.
Jorge, comerciante y técnico de San Bernardo.
Cecilia, enfermera y referente en barrios del sur.
Sebastián, activista contra el basural en San Clemente.
Paula, médica en Nueva Atlantis.
Jorge, gerente logístico y vecino de Mar del Tuyú.
Todos ellos tienen algo en común: no viven de la política. La padecen como cualquiera, y decidieron ponerle un límite desde adentro.
La crítica es directa y clara: “El Concejo ya no representa al pueblo. Se aprueban proyectos millonarios sin debate, sin control, sin consulta real.” La llamada “mayoría automática” del oficialismo local ha vaciado de contenido el órgano deliberativo.
Desde Alternativa Vecinal no se ahorran críticas a quienes deberían hacer de contrapeso: “Concejales que desaparecen, otros que votan con el oficialismo. Eso no es oposición. Es funcionalidad.”
No prometen lo inalcanzable. Ofrecen lo que hoy falta: control del gasto, preguntas incómodas, voz activa en el Concejo y, sobre todo, presencia real en los barrios. Quieren ser esa piedra en el zapato que cuestione cada decisión arbitraria.
Ese es el lema y la convicción. No tienen aparato, pero tienen calle. No tienen carteles, pero tienen coherencia. En un panorama político marcado por las roscas, esta agrupación viene a romper la resignación.
1. ¿Qué es Alternativa Vecinal La Costa?
Es una agrupación local formada por vecinos que buscan representar a la ciudadanía sin responder a estructuras partidarias.
2. ¿Quiénes integran la lista?
Médicos, comerciantes, técnicos y referentes barriales de distintas localidades costeras.
3. ¿Qué los diferencia del resto?
No viven de la política. No tienen padrinos ni favores que devolver. Solo quieren ejercer control y representar con honestidad.
4. ¿Cuál es su postura frente al oficialismo?
Crítica directa: acusan al Concejo de funcionar como una escribanía y al oficialismo de evitar el debate real.
5. ¿Y frente a la oposición tradicional?
Sostienen que muchas veces es funcional, ausente o cómplice.
6. ¿Qué proponen concretamente?
Ejercer control político, defender el presupuesto público, fiscalizar y estar presentes en los barrios.
Durante años, los vecinos del Partido de La Costa votaron con una mezcla de esperanza y resignación. Muchas veces sintiendo que sólo podían elegir entre lo malo y lo menos malo. En ese contexto, Alternativa Vecinal La Costa se planta con fuerza para ofrecer algo completamente diferente.
Lo que proponen no es mágico ni efectista: es volver a lo básico. Exigir que quienes están en el Concejo escuchen, fiscalicen y estén presentes. Prometen ser la voz del vecino trabajador, del comerciante que lucha, de la médica que hace guardias en un hospital colapsado.
Lo importante no es cuántos carteles pegan, sino cuánta verdad hay en su discurso. Y ahí radica su potencia: en la honestidad, la cercanía y la convicción.
Porque no responde a ningún esquema conocido. No juega con las reglas del aparato. No espera permiso de nadie. Y eso genera incomodidad en un sistema acostumbrado al silencio.
En cada caminata, en cada charla barrial, Alternativa Vecinal deja un mensaje claro: no van a ser parte de un decorado. Van a decir lo que nadie dice. A preguntar lo que molesta. A votar pensando en el vecino, no en pactos de oficina.
Por eso crecen. Porque en tiempos de ajuste, desencanto y bronca contenida, una propuesta que no se vende —literalmente—, puede hacer la diferencia.
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