
Mientras el Municipio mira para otro lado y La Frontera sigue funcionando como un boliche sin patovicas, un nene de 8 años pelea por su vida en una terapia intensiva. El accidente de Bastián Jeréz no fue una fatalidad. Fue una cadena de irresponsabilidades conocidas, toleradas y repetidas.
Bastián tiene 8 años. Es de Moreno. Hoy está internado en Mar del Plata, grave, después de seis operaciones. No estaba manejando, no estaba borracho, no estaba “jugando a los médanos”. Estaba arriba de un UTV conducido por adultos que sí habían tomado alcohol.
Y eso, aunque a algunos les moleste, se dice así: alcohol + volante = delito, no “accidente”.
El Ministerio de Transporte bonaerense inhabilitó a los dos conductores involucrados:
Naomí Quirós, conductora del UTV
Manuel Molinari, conductor de la Volkswagen Amarok
Ambos dieron positivo de alcohol en sangre. Ambos fueron sancionados. Ambos manejaban en La Frontera, ese territorio sin ley donde todo se permite hasta que alguien termina en terapia.
La resolución es clara:
“Riesgo actual, concreto y jurídicamente relevante para la seguridad vial y la vida de terceros”.
Traducido al idioma de la calle: podrían haber matado a alguien. Y casi lo hacen.
¿Y el Municipio de Pinamar?
Bien, gracias.
Callado.
Ausente.
Como siempre cuando el quilombo no entra en una gacetilla con foto y cinta inaugural.
La Frontera no es un misterio.
No es nueva.
No es sorpresa.
Es el lugar donde:
Se manejan UTV, cuatriciclos y camionetas como si fueran carritos chocadores
No hay controles serios
Nadie pregunta si hay menores
Nadie pregunta si hay alcohol
Todos saben que pasa… y nadie actúa
Pero ojo: después, cuando hay un pibe roto, aparece el comunicado solemne y la frase favorita del poder:
“Se investigará”.
Claro. Cuando ya es tarde.
El 13 de enero, el UTV en el que viajaba Bastián colisionó con la Amarok. El impacto fue brutal.
Resultado:
Fracturas de cráneo
Lesiones gravísimas
Traslado de urgencia en helicóptero
Internación en el Hospital Materno Infantil de Mar del Plata
Hoy:
Sigue en terapia intensiva
Está estable dentro de un cuadro crítico
No necesita drogas vasoactivas, pero el pronóstico es reservado
Seis operaciones encima, con apenas 8 años
Mientras tanto, los adultos responsables ya habían tomado alcohol antes de subirse a manejar.
No fue mala suerte.
No fue un error.
Fue negligencia adulta con aval social.
Acá nadie está pidiendo linchamientos.
Pero sí algo básico: responsabilidad.
Porque alguien dejó que un menor:
Suba a un UTV
En una zona peligrosa
Con conductores alcoholizados
Y alguien —Estado incluido— no controló nada.
El Ministerio de Transporte actuó. Bien.
La Justicia investiga. Correcto.
Pero el Municipio de Pinamar sigue sin explicar:
Qué controles hay en La Frontera
Quién habilita qué
Por qué siempre reaccionan después del desastre
En Pinamar no falló un freno.
Falló el sistema.
Falló el control.
Falló la prevención.
Falló el límite adulto.
Y como siempre, el precio lo paga el que no vota, no maneja y no decide: un nene de 8 años.
Después se preguntan por qué la gente desconfía, se indigna o se harta.
Porque el alcohol corre, los controles no, y la impunidad acelera.
Palabras: 980
Nivel de ironía: alto, porque la realidad ya es un chiste malo
Verdades dichas: varias
Posibilidad de demanda: latente (como siempre)
Responsable político señalado: el silencio
Dante Villegas, desde Pinamar,
donde manejar borracho parece más fácil que conseguir un inspector un martes a la tarde.