
En la Costa faltan cloacas, sobran baches, la temporada se estira con alambre… pero el Concejo Deliberante encontró la prioridad histórica del siglo: cambiarle el nombre al distrito.
Sí, leíste bien. Mientras el vecino cuenta monedas y el turista pregunta por qué el agua sale marrón, un concejal decidió que el problema central es el branding institucional.
El proyecto propone que el Partido de La Costa pase a llamarse “Municipalidad de General Juan Manuel de Rosas”. Todo en nombre de la “reparación histórica”.
Traducción al criollo: cambiar el cartel sin arreglar la vereda.
La iniciativa es del concejal Martín Fernández (JxC), y ya empezó a circular por el Concejo Deliberante del Partido de La Costa, territorio gobernado por Juan de Jesús.
El argumento central dice que “La Costa” es un nombre impuesto por la dictadura en 1978 (decreto-ley 9024/78), demasiado geográfico, poco identitario.
Hasta ahí, dato histórico correcto. El problema viene después, cuando la solución es un cambio total de nombre, como si eso automáticamente trajera federalismo, soberanía y Wi-Fi gratis.
Porque claro: si el cartel dice Rosas, el agua no se corta.
Spoiler: no.
Es cierto: Rosas firmó en 1839 el decreto que dio nacimiento jurídico al Partido de Ajó, antecedente de la región actual. Nadie lo discute.
También es cierto que la propuesta tiene el guiño académico del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.
Ahora bien, una cosa es reconocer la historia y otra es mudarse a vivir dentro de ella.
Rosas no fue solo el “Restaurador de las Leyes”. También fue censura, persecución política, mazorca y mano de hierro.
Entonces la pregunta es simple y brutal:
👉 ¿de verdad queremos que el principal destino turístico familiar de la provincia lleve el nombre de una figura que divide más de lo que une?
Cambiar el nombre no es apretar “editar” en Word.
Implica:
Todo eso cuesta plata. Plata real. No simbólica.
Y mientras tanto:
Pero tranquilos: el escudo nuevo va a quedar precioso.
Dicen que “La Costa” se confunde con Pinamar o Mar del Plata.
Falso.
La Costa no tiene problemas de nombre.
Tiene problemas de gestión, planificación y relato honesto.
Nadie deja de venir porque el distrito se llama “La Costa”.
Dejan de venir cuando:
Cambiar el nombre es como pintar la heladera rota y esperar que enfríe.
El proyecto reaviva una pelea del siglo XIX en pleno 2026.
Mientras el mundo discute inteligencia artificial, turismo sustentable y desarrollo local, acá volvemos a Rosas sí / Rosas no.
No es debate histórico: es cortina de humo elegante.
Porque discutir el nombre no obliga a rendir cuentas.
No pregunta por contratos, ni por gastos, ni por prioridades.
Reconocer la historia es sano.
Usarla como distracción, no.
Si quieren debatir identidad, hablemos de:
Lo demás es maquillaje institucional con olor a naftalina
Dante Villegas, desde La Costa, donde cambian el cartel pero el pozo sigue ahí.
Extensión de la nota: 1.250 palabras (ninguna al pedo)
Nivel de ironía: 🔥🔥🔥🔥 (4/5 – sarcasmo controlado, pero constante)
Verdades dichas: varias, aunque algunas duelan más que un impuesto nuevo
Símbolos cuestionados: 1 (con bigotes, poncho y pasado pesado)
Problemas reales mencionados: muchos
Problemas reales resueltos por el proyecto: 0
Gasto estimado en cambiar carteles: nadie lo dijo todavía (alerta roja 🚨)
Probabilidad de que alguien se enoje: alta
Probabilidad de que alguien lo niegue: altísima
Probabilidad de demanda: baja… por ahora
Utilidad práctica del cambio de nombre: similar a cambiarle el nombre al carrito del súper esperando que baje la inflación
Conclusión técnica:
Cambiar el nombre no cambia la realidad.
Pero sirve perfecto para no hablar de la realidad.